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Terra
La Coctelera

Primeras lecciones

Era mi primer día en la escuela. En un momento dado, el Maestro con un gesto de invitación de su mano derecha, se dirigió a mí: "Dime, muchacho, ¿quién eres?"
Me levanté y, orgulloso, respondí con voz firme y clara: "Soy el nieto del célebre Maestro R... de L..."
Necio, replicó con una expresión de enojo que contradecía su proverbial afabilidad y cortesía. Si quisiera saber quién es tu abuelo, lo habría preguntado. Sé quién es el Maestro R... de L... Pero quiero saber quién eres tú. Siéntate.

Así fue como recibí dos importantes lecciones de "Mi Maestro" en un instante.

Mi hijo es un buen muchacho

Mi hijo es un buen muchacho, le decía con humildad el padre al maestro. Pero tiene dos pequeños defectos: que es un ignorante y que no soporta que nadie le de lecciones.

Los sentimientos: ¿Una reliquia psíquica de la infancia?

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No
hace mucho leí algo que me escandalizó respecto a los sentimientos,
pero la fuente era confiable y me obligó a darle vueltas al asunto.

Miedo me da la reacción del blogpatio, la verdad, pero ahí va:

Los
sentimientos que nos ocupan y condicionan son un residuo del
pensamiento pre-verbal de nuestra infancia. La forma del pensamiento
que poseíamos cuando no podíamos aún verbalizar lo que sucedía en
nuestro interior ante acontecimientos internos y externos.

Aconsejaba
el maestro que no nos dejáramos arrastrar a la acción impulsados
únicamente por esos "sentimientos" sino tras haber analizado en
profundidad hacia dónde nos encaminan y por qué.

Visto
así, el enamoramiento, ese que nos hace decir: "No puedo vivir sin tí",
como las muelas del juicio, son una reliquia de cuando el hombre tenía
que comer tallos y raíces para sobrevivir; ese sentimiento procede de
nuestra antiguedad personal, de nuestra infancia, de cuando no podíamos
racionalizar ni verbalizar lo que sentíamos.

Ya
sé, ya sé, tod@s l@s romántic@s y enamorad@s me gritarán que estoy
loca, pero...empiezo a estar de acuerdo con el maestro. Lo siento.

¿Hay alguien ahí?

No es para que os comáis el coco esta vez, no es una pregunta filosófica, metafísica ni nada por el estilo. Es sólo que soy inmigrante y desconozco las costumbres y leyes del país, no encuentro a los conocidos de mi lugar de origen y no sé qué hacer.
Y ahora me pregunto, si tengo problemas al cambiar de blog; si he tenido problemas al cambiar de comunidad autónoma,. ¿Qué problemas no tendran los inmigrantes? Más aún si tienen otro color de piel y otro idioma.
Por eso insisto, ¿Hay alguien ahí que pueda echarme una mano con el blog? Quiero mi oveja boba para que mis amigos sepan que soy yo.

¡Ya estoy aquiiiiiiiiiii!

Bueno, ante las continuas invitaciones que he recibido, he decidido pasarme por aquí. Aún no sé cómo va ésto, pero intentaré esta aventura con vosotros. Así, si nos deja incomunicados uno, podemos seguir en contacto.
Un abrazo a los conocidos y a los nuevos.